Este vino es una de las expresiones más elegantes de Viña Las Perdices, diseñado para quienes buscan la potencia del Malbec mendocino equilibrada con la sofisticación de una crianza cuidadosa en madera.
Varietal: 100% Malbec.
Crianza: Este vino posee una crianza de 12 meses en barricas nuevas de roble, utilizando una combinación de 50% roble francés y 50% roble americano. El aporte francés brinda complejidad y elegancia, mientras que el americano suma notas dulces y estructura.
Graduación Alcohólica: 14.5% vol. (aprox. según cosecha).
Proviene exclusivamente de viñedos propios ubicados en Agrelo, Luján de Cuyo, en la provincia de Mendoza, Argentina. Esta zona es considerada la "Tierra del Malbec", situada a unos 1.030 metros sobre el nivel del mar, donde la amplitud térmica y el suelo franco-limoso permiten obtener uvas de gran intensidad aromática y color.
Vista: Presenta un color rojo violáceo muy intenso y profundo, con destellos brillantes.
Nariz: Se destaca por su complejidad. Predominan los aromas a frutas rojas como la ciruela y la frambuesa, perfectamente integrados con notas de vainilla, café y chocolate aportadas por su paso por madera.
Boca: Es un vino de entrada amable y envolvente. Posee taninos suaves y maduros que le dan una estructura equilibrada. Su final es largo, agradable y deja una persistente sensación frutal y especiada.
Es el compañero ideal para platos con carácter:
Carnes: Cortes de carne roja a la parrilla (ojo de bife, asado) o carnes de caza.
Pastas: Pastas con salsas rojas intensas o rellenas de carne.
Quesos: Quesos duros y maduros como el Reggianito o Parmesano.
Vegetales: Vegetales grillados o preparaciones con hongos.
La historia de la bodega es un relato de familia y arraigo. Fue fundada por la familia Muñoz López, inmigrantes españoles provenientes de Andalucía que llegaron a Mendoza en 1952.
En la década de los 70, Don Juan Muñoz López plantó las primeras vides en el agreste terreno de Agrelo, cuando pocos confiaban en el potencial de esa zona. El nombre "Las Perdices" nació de una anécdota personal: durante sus largas jornadas de trabajo en el campo virgen, Don Juan siempre se veía acompañado por grupos de perdices que habitaban el lugar. Al decidir que ese sería su hogar, bautizó el emprendimiento en honor a estas aves que simbolizan la perseverancia y el respeto por el entorno natural.
Hoy, bajo la dirección de la segunda generación (con el enólogo Juan Carlos Muñoz al frente), la bodega combina esa tradición artesanal con tecnología de vanguardia, posicionándose como un referente de calidad e innovación en la vitivinicultura argentina.