Este vino es una de las apuestas más audaces y celebradas de Viña Las Perdices. El Riesling es una variedad de origen alemán que en los suelos de Agrelo desarrolla una expresión única, caracterizada por su frescura punzante, su perfil aromático inconfundible y una longevidad sorprendente.
Varietal: 100% Riesling.
Elaboración: A diferencia de los Reservas anteriores, este vino no tiene paso por madera. Se busca preservar la pureza absoluta de la fruta y la acidez natural. Se realiza una fermentación lenta a bajas temperaturas para capturar los aromas más delicados de la uva.
Graduación Alcohólica: 12.5% vol.
Proviene de fincas propias en Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza. El microclima de esta zona, con sus noches frescas, permite que el Riesling mantenga su acidez característica y desarrolle esa complejidad mineral que lo hace tan valorado por los conocedores.
Vista: Color amarillo pálido con sutiles reflejos verdosos, muy limpio y brillante.
Nariz: Es intensamente aromático y fresco. Predominan las notas cítricas de lima y cáscara de naranja, junto con aromas de manzana verde y flores blancas (jazmín). A medida que se abre, pueden aparecer sutiles notas minerales típicas de la variedad.
Boca: Su entrada es vibrante gracias a su marcada acidez. Es un vino seco, ligero y muy refrescante. En el paladar repite las notas cítricas y frutales, con un final limpio, persistente y muy elegante.
El Riesling es, por excelencia, el mejor aliado de la cocina internacional:
Cocina Asiática: Es el compañero perfecto para el sushi, comida tailandesa o platos con toques de curry y jengibre.
Comida Picante: Su acidez ayuda a limpiar el paladar frente a sabores especiados.
Mariscos: Ceviches, tiraditos o mariscos a la plancha con limón.
Quesos: Combina de maravilla con quesos de cabra o quesos azules suaves.
La historia de la bodega es un relato de familia y arraigo. Fue fundada por la familia Muñoz López, inmigrantes españoles provenientes de Andalucía que llegaron a Mendoza en 1952.
En la década de los 70, Don Juan Muñoz López plantó las primeras vides en el agreste terreno de Agrelo, cuando pocos confiaban en el potencial de esa zona. El nombre "Las Perdices" nació de una anécdota personal: durante sus largas jornadas de trabajo en el campo virgen, Don Juan siempre se veía acompañado por grupos de perdices que habitaban el lugar. Al decidir que ese sería su hogar, bautizó el emprendimiento en honor a estas aves que simbolizan la perseverancia y el respeto por el entorno natural.